¿Y si eliminar las notas pudiera mejorar el aprendizaje? Este artículo analiza qué sucede cuando transformamos la forma de evaluar en el aula. Basado en experiencias educativas innovadoras, se revela cómo funciona la evaluación sin notas, qué beneficios genera y por qué se consolida como una alternativa real para transformar la educación en la era post pandemia.
La evaluación sin notas ha cobrado fuerza en instituciones que buscan priorizar el aprendizaje significativo sobre la calificación numérica. Este enfoque, también conocido como “ungrading” (Moya, 2021), propone cambiar el foco del resultado al proceso, y del número a la retroalimentación constructiva. Según Schinske & Tanner (2014), las calificaciones tradicionales tienden a desalentar la motivación intrínseca y el pensamiento crítico. En contraste, los modelos de evaluación alternativa invitan al estudiante a reflexionar sobre su propio progreso, fomentando la autorregulación y la autonomía en el aprendizaje.
Uno de los impactos más profundos de eliminar las notas es el cambio en la relación con el error. Cuando no existe una calificación que castigue, el error se convierte en una oportunidad de mejora y en una herramienta formativa (Rapchak, Hands, & Hensley, 2023). Esto promueve una mentalidad de crecimiento, tal como lo destacan los estudios sobre aprendizaje autorregulado y evaluación formativa (OECD, 2020). Al centrarse en la retroalimentación descriptiva y no en la sanción, los estudiantes aprenden sin miedo, desarrollando resiliencia y pensamiento crítico.
Finlandia, Canadá y algunos proyectos piloto en América Latina están implementando modelos de evaluación sin notas con resultados alentadores. En estos sistemas, los portafolios, rúbricas, autoevaluaciones y la retroalimentación cualitativa reemplazan la nota numérica, fortaleciendo la comunicación entre docente y estudiante (Pérez & Bernales, 2021). En contextos universitarios, experiencias de alternative grading demuestran que este enfoque aumenta la motivación y disminuye el estrés académico (Butler, 2025). Como señalan los informes de la UNESCO (2021), la evaluación con sentido debe acompañar los procesos de aprendizaje, no interrumpirlos.
La pregunta educativa ya no debería ser solo qué aprendió el estudiante, sino cómo, por qué y para qué lo aprendió. Cambiar la evaluación implica repensar la educación misma. Si buscamos formar ciudadanos críticos, creativos y resilientes, debemos revisar las prácticas que utilizamos para medir los avances (UNESCO, 2021). La evaluación sin notas no elimina la exigencia, sino que redefine la forma en que la entendemos: del control a la confianza, de la comparación al crecimiento personal, y el número a la comprensión profunda del aprendizaje.
Autora: Luzby Castañeda
Ingeniera Comercial con maestría en Administración y estudios doctorales en la misma área. Cuenta con experiencia como docente universitaria y gestora empresarial. Es docente en la Universidad Continental, especializada en metodologías ágiles, aprendizaje basado en retos e investigación científica.